Alféizar de la memoria

Luis Zaror es descendiente de palestino. Su abuelo fue oriundo de Belén. En fecha desconocida para él, su abuelo, dos hermanos y un primo salieron de Palestina, invadida por los turcos.
Uno de esos hermanos se quedó en Italia y cuentan que llegó a ser
pastelero del rey. Otro, se quedó en Honduras donde inició negocios
y posteriormente se amplió a Guatemala. Su abuelo y el primo llegaron a Chile (Tus ojos tienen la añoranza/de los hermanos que dejaste/dispersos en el camino). Éste se estableció en el Sur de Chile y desarrolló un negocio de cabotaje entre Valdivia y comunidades
costeras como Toltén, donde, finalmente en 1933, encontró la muerte (Un día, se vino para Chile/ cansado del desierto,/ a la selva húmeda y virgen del Toltén). Al no haber tradiciones árabes en casa (Mi padre/No hablaba de su padre./ Quizás por la distancia del idioma/y del mar.), poco se involucró en el problema árabe.
Sin embargo, algo estaba rondado. El contacto con un primo gatilló su sentimiento árabe (¿Por qué tengo que hablar de estos árabes/ si pude vivir sin ellos tanto tiempo?) y comenzó a desarrollar esta recopilación de poesía sobre la tierra natal (Salimos de Palestina, rumbo a América, /para ser más palestinos, /para conservar la sangre y la historia), como parte del tesoro perdido /de las caravanas de los abuelos /recordando Jerusalén. Se cierra el conjunto de poemas con un canto unitario: Palestina
Tengo una amiga judía. /Ella y yo sabemos/que Palestina es una sola/y alcanza para todos.

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